Antonio F Samper: Lenguaje inclusivo

Al parecer se ha puesto de moda en nuestra sociedad no discriminar a la hora de hablar o de escribir y se menciona en todas las frases a ambos géneros. Pero el masculino genérico, por el que se hablaba en masculino ante un auditorio mixto, no era una discriminación, si no más bien un recurso para agilizar y hacer compresivo el texto o el discurso. Al igual que el sufijo –ente, que designa al sujeto que ejecuta la acción del verbo, así de cantar cantante, de amar amante y de presidir, presidente. Por tanto, si Rosalía es una cantante y no cantanta, y la Paqui fue la amante, que no la amanta, de don Severino, el cura, doña Isabel Díaz Ayuso debe ser la presidente de Madrid, que no la presidenta.

Dejándonos llevar por complejos de este tipo, podemos decir que le español es un idioma machista y por eso decimos cuando algo es bueno nos gusta, que es cojonudo o está de cojones y cuando es malo o no nos gusta decimos que es un coñazo o una chuminada. Pero no es así, el español es un idioma rico y ágil y preciso por la cantidad de vocabulario y la compleja gramática que posee, para que esa lengua tan extensa sea compresible y dinámica.

Solo recordar el que idioma nos ha dado siete premiados con el Noble de literatura.

Esta moda, en contra de las reglas naturales del lenguaje, que es en si mismo un vehículo para hacerse comprender, convierten en cualquier texto, largo, fragoso y de difícil comprensión, por eso le digo a mis lectores y lectoras fieles y fielas, esporádicos y esporádicas, amigos y amigas, sea cual sea vuestra condición de cultos y cultas, obreros y obreras, trabajadores y trabajadoras, profesionales y profesionalas: médicos y médicas, abogados y abogadas, jueces y juezas, psiquiatras y pisquiatros, policías y policíos, miembros y miembras de asociaciones. Sean cuales sean vuestras aficiones, pasear los domingos y pasear las domingas, tener un cuerpo bombón y bombona, ya seáis cantantes y cantantas, amantes y amantas, actores y actoras o actrices, directores, directoras o directrices, merenderos o meretrices; que no voy a cambiar, que voy a seguir usando el lenguaje para hablar y para escribir y me niego a hacer farragoso el texto por un mal entendido sentimiento de igualitariedad, que no igualdad, porque mucha gente acomplejada, necesite un reconocimiento que no es tal, porque en nuestro lenguaje siempre ha estado reconocido.
En alocuciones protocolarias, siempre se a empezado a hablar con el consabido “Señoras y señores” ¿Es también un símbolo de machismo? No lo creo, es un acto de respeto.

Estoy seguro que no voy a alcanzar el premio Nobel, pero lo que si estoy seguro es que voy a seguir utilizando el lenguaje que emplearon, Echegaray, Santiago Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez, Jacinto Benavente, Vicente Alexandre, Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa, mucho antes que el señalado por el Ministerio de Igualdad y la absurda moda del lenguaje inclusivo.

Antonio F. Samper

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