Aumento de la clorofila por los nitratos agrícolas en la costa frente al Mar Menor

El IEO detecta un aumento de la clorofila por los nitratos agrícolas en la costa frente al Mar Menor y el río Segura en los últimos 20 años.

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El Oceanográfico concluye que el calentamiento del Mediterráneo podría estar detrás de la disminución en un 20% de los niveles de este compuesto en las últimas dos décadas, salvo en estos dos puntos de la costa, donde crece más de un 3% anual.

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El mar Mediterráneo ha visto disminuido en un 20% sus niveles de clorofila, las moléculas presentes en las plantas que permiten las reacciones químicas necesarias para realizar la fotosíntesis, en las últimas dos décadas. El calentamiento del agua, propiciado por la crisis climática a nivel global, y el debilitamiento de las corrientes de aire que impiden la mezcla del agua, podrían estar detrás de este suceso.

Una investigación del Instituto Español de Oceanografía, dependiente del CSIC, apunta como causa probable al fortalecimiento de la estratificación de la columna de agua en el Mediterráneo, es decir, que el calentamiento del agua superficial con respecto a la más profunda ha inducido a un descenso de estos compuestos químicos que necesitan tanto algas, plantas y cianobacterias.

Frente a este hecho, el estudio apunta un efecto contrario en algunos puntos de la costa mediterránea española, donde se ha detectado un incremento de la clorofila. Donde más, con concentraciones superiores al 3% anual, en la franja litoral frente al Mar Menor y en la desembocadura del río Segura.

En el caso de las aguas costeras cercanas a la desembocadura del río Segura y la laguna del Mar Menor, el IEO detectó tendencias positivas de clorofila, variando estos niveles en función de la estación del año. Con respecto a la laguna salada, que se conecta con el Mediterráneo a través de tres canales o golas, el Oceanográfico señala que este problema de eutrofización (exceso de nutrientes en el agua) «se nota desde 2016, cuando colapsó el sistema», apunta el investigador.

El centro de investigación de San Pedro ya detectó un impacto de la eutrofización que sufre la laguna en las praderas de posidonia frente a la Isla Grosa, frente al canal del Estacio, donde comenzaban a reducir su superficie. Y es que los científicos remarcan que «las tendencias en la clorofila impulsadas por cambios climáticos a gran escala podrían enmascarar los procesos locales de eutrofización«.

“Estos significativos aumentos, dentro de un contexto de disminución general, podrían indicar procesos de eutrofización costera”, apunta Francisco Gómez Jakobsen, autor principal del trabajo. La razón se encuentra, como ha concluido el IEO en varias ocasiones, en los vertidos de nitratos agrícolas procedentes de la agricultura intensiva en ambas cuencas.

La presión sobre la cuenca del Mar Menor, con el crecimiento de la agricultura de regadío, el urbanismo en los municipios ribereños o la actividad minera en la Sierra de Cartagena, se lleva dando «desde hace mucho antes de esa fecha» de 2016. Tanto en este punto de la Región de Murcia, como en la desembocadura del Segura, las presiones ejercidas, en concreto por la agricultura intensiva, han propiciado esta contaminación por nutrientes (debido al uso de fertilizantes y pesticidas), que «ha aumentado desde la década de 1980 en ambas áreas».

Junto a esto, recuerdan desde el instituto de oceanografía que las aguas costeras frente a la laguna y el tramo final del Segura están influenciadas por dos cuencas y acuíferos diferentes, la del Campo de Cartagena y la Vega Media y Baja del Segura, «cuyo estado ambiental es deficiente según las recientes evaluaciones de la Directiva de Aguas Marinas de la Unión Europea». El acuífero cuaternario de la cuenca de la laguna salada está declarado desde 2020 en riesgo químico por la contaminación de nitratos.

Posibles afecciones

“La disminución general en la concentración superficial de clorofila, que ha sido reportada en muchas zonas del planeta, puede afectar a muchos procesos importantes del ecosistema, como a la capacidad del océano para secuestrar carbono atmosférico o a la productividad de toda la cadena trófica marina”, explica Francisco Gómez Jakobsen.

Los científicos han utilizado técnicas de análisis a partir de datos de diferentes sensores de color del océano capaces de registrar información radiométrica de la capa superficial del agua con una frecuencia casi diaria y con una elevada resolución espacial, lo que es posible relacionar esos datos con la distribución y concentración de clorofila tras aplicar un algoritmo creado expresamente para la zona de estudio.

“Este trabajo es un ejemplo de la importancia de contar con series temporales de datos oceanográficos suficientemente largas y de calidad para poder detectar cambios significativos en la concentración de clorofila, que puedan a su vez ser indicativos de los efectos del cambio climático o de la contaminación procedente de fuentes terrestres”, señala el científico.

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Fuente: laopiniondemurcia.es

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